Pista de Moaña

PARA LA RETIRADA TAMBIÉN HAY QUE ENTRENAR

Pensaba iniciar mi contribución personal a esta web con un artículo más general sobre Psicología y atletismo pero aprovechando la reciente “no-retirada” de una de las mejores mediofondistas españolas a nivel internacional, Natalia Rodríguez, no puedo desaprovechar esta oportunidad de abordar un tema en el que llevo inmersa más de una década: la retirada deportiva.

Cada vez que imparto una charla sobre este tema parto de la misma pregunta: ¿por qué estudiar la retirada deportiva? La respuesta es sencilla, aunque no experimenté grandes cambios a nivel personal cuando decidí dejar la competición si observé a mi alrededor atletas próximos, muchos de ellos muy próximos, a los que les costaba adaptarse a esa vida al margen del deporte de alta competición. Con esa idea rondando por la cabeza, comenzó mi labor de investigación. Eran pocos, por no decir muy escasos, los artículos que abordaban el tema y en los congresos de Psicología había cabida para deportistas, entrenadores, jueces, árbitros, padres de deportistas, directivos… pero no para ex –deportistas (con el tiempo también me di cuenta que esta no era la palabra correcta, uno nunca deja de ser deportista).

En el año 2002 escribía un capítulo para un libro en el que hacía un breve recorrido sobre el tema. Los primeros modelos que intentaban describir la retirada deportiva identificaban ésta con la jubilación. Gran error, en el deporte hablamos de personas que en el mejor de los casos con treinta y tantos años han de abandonar una actividad que llevan haciendo desde casi su niñez. Actualmente, son otros los modelos que nos ayudan a entender la retirada pero por aquel entonces el modelo conceptual de Taylor y Ogilvie (1994) me permitió entender algunas variables importantes. Por ejemplo, cuáles son las causan que llevan a un deportista a retirarse. La edad, las lesiones, incompatibilidad con trabajo o estudios o por propio decisión son las más frecuentes. Esta última es la más deseable desde un punto de vista psicológico, el deportista decide que ha llegado el momento de afrontar una nueva etapa, controla la decisión y, por tanto, su adaptación será mas favorable. Cuando no existe ese control hay una mayor probabilidad de desarrollar problemas de adaptación. Tenemos ya un dato importante para trabajar de cara al futuro

Otra variable a destacar es la identidad personal. Este concepto es fácil de entender: aquellos deportistas que se ven a sí mismos y son vistos únicamente como deportistas (lo que llamaríamos personalidad unidimensional) tienen mas posibilidades de experimentar problemas una vez abandonan el deporte de competición. Su ropa es deportiva, leen fundamentalmente prensa deportiva, su círculo de amigos son deportistas, su lugar de contacto es la pista, la cancha, el campo y, es más, su reconocimiento social y personal se valora únicamente por sus éxitos deportivos. Pero, ¿qué ocurre cuando esto se desvanece? ¿Qué sabemos de esos deportistas, de estas personas, cuando las medallas son de otros? Cuando comencé a estudiar este tema comprendí la dificultad de llegar a ellos, era fácil realizar una investigación con deportistas porque tienen horarios y lugares de entrenamientos fijos pero no con los que lo habían dejado.

Finalmente, el modelo de Taylor y Ogilvie (1994) me permitió conocer cuáles son los recursos que facilitan la adaptación a esa nueva etapa. Además de las habilidades de afrontamiento del deportista o el apoyo social personalmente, me quedaría con la “planificación”. Todos los deportistas saben que tarde o temprano han de dejar el deporte de alta competición y, sin embargo, un porcentaje muy pequeño planifican o se preparan para ese momento. En alguno de mis estudios he confirmado que más de un 65% de los deportistas no planifican su retirada.

Desde aquellos inicios de interés por el tema, han cambiado algunas cosas. Desde la psicología, entendemos ahora, la retirada deportiva no como un momento puntual sino como una transición por el que todo deportista deberá pasar, por tanto, como en todo proceso habrá cambios positivos y cambios negativos y deberá existir un período de adaptación. He aprendido, también, que cada caso es un caso y que debemos atender a las necesidades individuales de cada uno de ellos. No tiene nada que ver la retirada de un futbolista que la de un atleta pero tampoco la de una mujer que la de un hombre. Y esa, creo que es la causa por la que los famosos programas de atención al deportista no acaban de funcionar.

A lo largo de estos años he podido recoger los sentimientos, las dificultades, las emociones, las dudas… de muchos deportistas a través de cuestionarios pero también a través de entrevistas más personalizadas y hay algo que no deja de sorprenderme, la huella que deja en cada uno de nosotros esos años de duros entrenamientos y de competición.

Para finalizar, me gustaría recordar que para la retirada también hay que entrenar. A vosotros, atletas, recordaros que debéis comenzar a pensar en ese momento mientras estáis en activo, sólo de esta forma podréis afrontar positivamente ese nuevo período en el que lo aprendido en el deporte en general y en el atletismo en particular será el mejor máster de vuestra vida.

Madó González

Psicóloga del Deporte

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